Light me up when I'm down

jueves, 8 de agosto de 2013

Los viernes ahora me dejan ese sabor amargo,
las mentiras con las que me endulzaste el oído
alguna vez, ya no están. Esos discursos que llevabas
preparados, que hasta vos te creías, tal vez estabas
muy borracho, yo te escuchaba y sonreía, tal vez
estaba muy borracha.

Entonces los dos borrachos jugábamos a ilusionarnos
con un gran amor, jugábamos a los celos y a los besos a
escondidas, los besos que me pedías y yo te daba aún
sabiendo que no debía. Me mirabas con esos ojos de
perrito abandonado, como no besarte cuando una palabra
tuya me derrite, cuando me agarrabas la mano mirándome
a los ojos como si fuera todo verdad lo que decías.

Hoy te pido que no me mires así, no me desarmes
de nuevo, todavía hay partes que no encuentro,
algunas deben andar debajo de los almohadones del
sillón donde nos besamos por primera vez y otras, quizás, entre
las sábanas donde perdimos el control, no lo sé.

Tal vez estoy muy borracha.

lunes, 17 de junio de 2013

Ya fue, no importa

 ¿Se puede decir “ya fue” con honestidad? ¿Realmente alguien puede resignar sus sueños en dos palabras? Ya fue, condenando a quién sea o lo que sea al olvido. Puedo sentenciarlo al olvido tomando un café con una amiga, con el cigarrillo consumiéndose en mis dedos.
-         Ya fue - Mientras miro para otro lado dando una bocanada de tabaco – No importa.
 Y nadie se lo cree, ni siquiera yo misma. No puedo condenarlo cuando sigue alrededor. Si lo veo con la mirada perdida mientras le hablo y de repente me mira, frunce el ceño y sigue mirando a cualquier lado. Si sonríe todo el tiempo, cómo sentenciar a alguien así. Ya fue, no importa, me repito y les repito, como si la repetición hiciera la verdad, como si ya no estuviera su presencia acechándome. Entonces juego a pretender una vez más, de a poco todos van creyendo, entonces quedo sola con mi “verdad” repetida y todavía importándome, y todavía sintiendo.
 Reflexiono sobre lo que me aflige y suena banal, pero considero que esos son los sentimientos, nos trasforman, nos convierten en un extraño dentro de uno mismo, nos hacen ser alguien banal. Todas las conversaciones que tenemos se tornan sobre superficialidades. Me gustaría poder mirarlo a los ojos y ser lo más sincera posible.
-         Hola, mi nombre es Constanza, soy la persona más enroscada que conozco, soy enamoradiza, tal vez demasiado. Tengo ataques de locura momentánea y hago estupideces durante ellos. Me gusta ver películas, pero siempre termino viendo las mismas comedias románticas. Amo leer, pero es difícil que algún libro llegue a apasionarme. Me expreso mejor escribiendo que hablando, en el papel podes borrar, lo que se dice no tiene retorno, divago mucho también, como por ejemplo hace dos segundos, releí la palabra expreso y me acordé del café. Me encantaría cantar bien y tocar algún instrumento, los que sé tocar lo hago pésimo. Me tomo todo muy a pecho y soy muy sensible, demasiado sensible. Sufro ansiedad. Me disgustan demasiadas cosas sobre mi, pero me gustas vos, dicho todo esto me gustaría saber que opinas.
 En mi universo perfecto, que es mi imaginación, él se ríe y me da un beso. En el mundo real se ríe y me dice que no funcionaríamos juntos. Por eso no me gusta tomar ciertos riesgos, y me quedo en mi capsula de seguridad, observándolo desde ahí dentro sin dejarlo pasar.

 En fin, termine divagando como siempre. 

lunes, 15 de abril de 2013

- ¿ Te acordás cuando fue la última vez que fuiste feliz?- Dijo la joven morocha a la rubia que se paraba a su lado, sin siquiera apartar la vista del mar. - Yo ya no me acuerdo cuando fue mi último recuerdo feliz- continuo- Tal vez fue cuando el todavía estaba por acá.
 Dejo de mirar el horizonte y miro a su amiga, con los ojos más azules que de costumbre por las lágrimas que aún no recorrían su trayecto por las mejillas.
- Cuanto lo amaste.
- Y cuanto dolió!- exclamó con las lágrimas ya por sus pómulos- y cuanto duele todavia.
- Aún lo amas.
Volvió a concentrar su mirada en el mar, mientras jugaba con la alianza posada en su dedo corazón de la mano izquierda.
- Siempre lo voy a amar- susurro, esbozando una media sonrisa- No hay noche en la que no lo extrañe, no hay mañana en la que no quiera despertar a su lado. Fue mi gran amor, con un trágico destino, sé que le voy a contar a mis nietos algún día sobre el amor que le tuve a ese hombre y lo feliz que fui a pesar de todo.
 La joven rubia, miro a su amiga y convirtió su dulce y comprensivo rostro en uno de congoja, y la abrazó.
- Él también te amó, a su manera lo hizo. Y aquel hombre que espera en tu casa te considera su gran amor y vos también lo amas. A tu manera lo haces, con lo que te quedó, con lo que él dejo de tu corazón.

martes, 26 de febrero de 2013


Si hubiera sabido que ese iba a ser
Nuestro último beso lo hubiese
Hecho eterno, duraría para siempre.

En un mundo donde solo vos y yo
Habitemos, donde no exista nadie
Que nos diga que es correcto y que no.

Donde no exista el “deber” y solo reine
El querer y el sentir, sin pensar en nadie más
Solo en lo que los dos queremos.

Donde no se escuche más la frase
“todo pasa por algo”, y que lo único
Que pase sea nuestro amor.

En nuestro mundo no existirían miedos,
Siempre confiaríamos el uno en el otro.
Pero ese fue el último beso, y nada es eterno. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Me imagino mi vida sin vos? Si y no. Sé que mi vida sería, tal vez, más fácil. Sería aquella persona libre que siempre me gustó ser, la cuál es muy difícil de combinar con la novia tipo. Sería aquello que soy últimamente  pero sin herirte, sin mentirte, sin traicionar tu confianza. Podría tener mi conciencia tranquila sabiendo que realmente soy eso que vos crees que soy. Sé que mi vida sería más gris, sin tu voz que pinta todo de colores, con tus besos que endulzan mi vida. Sería más relajada, viviría con mis amigos, y pensando en vos. Pero si no viviría con vos, pensando en lo que ya perdimos, esas cosquillas en la panza, esa sensación cuando el colectivo se alejaba con vos arriba, esa bobera que queda después de horas de besos, cuando los besos eran lo único en juego. Mi vida no sería mi vida en fin

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Su mano roza la mía
al pasar, siento la electricidad
correr por todo mi cuerpo.
De pronto... su labios se posan
en los míos y vuelan las chispas.
Su mano se hunde en mi pelo
y estelas de luz iluminan todo
el cuarto, sus manos acarician
mi cuerpo y las luces parpadean.
Su mirada se posa en mis ojos
y mi cuerpo se enciende, como
si fuera conducida por una fuerza
mayor que me guía hacia los placeres
prohibidos que hoy solo nosotros
disfrutaremos

Aquel Hombre


 Despierto en medio de la noche buscando tu cuerpo en mi colchón, a tientas acaricio la superficie y no te encuentro. Prendo un cigarrillo y pienso en aquel hombre. Aquel hombre que va con aires de grandeza en los bolsillos vacíos, aquel hombre que te puede enamorar con su filosofía de vida cero responsabilidades, aquel hombre que no cree, aquel hombre que no llora, aquel hombre, aquel, que con su perfume endulzó mi vida, que con sus besos borró el amargo sabor.
 Ahí va, aspirando a ser gran hombre, de gran familia, va como si fuese esplendoroso, creyéndose el más brillante en la tierra, el más ocurrente, pensando que puede llevarse el mundo por delante.
 Vuela de boca en boca, probando, enamorando, te recita de memoria su discurso de hombre libre, con la mirada tierna, como si de verdad creyera en lo que dice. Le creen, todas le creen, yo no fui la excepción, fui otra más que compro su discurso barato, con palabras insulsas, que te hacen creer que a su lado el mundo será de ambos.
 Se pasea buscando, algo que ni él sabe. Viaja y busca.
 Yo lo esperaba en cada viaje, con esperanzas de un amor perdurable, como aquella flor que me regaló, la cual duró más que su fascinación en mí.
 Las personas le llaman la atención, se fascina, encuentra una cualidad en vos, la estudia la adora, la halaga, y después se cansa, juega un poco con tu pelo y te dice te amo, pero en el fondo, se cansa y se va.
-         Yo te quiero a vos.
¿De verdad lo hacías? O era una mentira más, otro discurso, de los cuáles estabas dotado para unos meses de relación.
 Hizo cuanto quiso, me dejo inmersa en tus ojos, pensando que bajo esa mirada triste, realmente había una tristeza oculta, que yo quería sanar. Pasaba horas imaginando cuál podría ser, tal vez un viejo amor, tal vez.
-         Yo te quiero a vos.
Y yo le creía, y él me decía lo que quería escuchar, lo que tanto había anhelado escuchar.
 Aquel hombre, sin hogar, sin amor, aquel hombre que amé. ¿Dónde estará? ¿Con quién estará? Tal vez recitando su cuento, tal vez solo, o tal vez piense en mí, como yo lo hago. Tal vez algún día vuelva, cansado de buscar lo que no encuentra, cansado de no formar parte de nada, de no comprometerse con nadie.
-         Yo te quiero a vos.
 Lo repetía, y lo repetía, y ¿Cómo no creerle? Si me miraba fijo con sus ojos miel y sentía que podía ver mi alma, sentía que sus palabras eran puras, y me enojaba conmigo misma por dudar de él. Tal vez fue cierto, tal vez si me quiso, a su manera, a su absurda manera de querer, de creer que las cosas son como él las hace, que no hay error en sus actos. Es que te lleva por donde quiere de manera imperceptible, de manera que creí que yo misma me había metido ahí y después me sentí culpable, le echaba la culpa en voz alta, pero en mi interior me sentía culpable, porque él en realidad siempre me dijo las cosas claras, pero sentía que sus ojos me decían otra cosa, y ahí estaba el engaño, el maldito engaño.
-         Yo te quiero a vos.
-         Y yo a vos, siempre.